Rafael Mandialdua nació en Aramaio (Álava) en 1938. Fue ordenado sacerdote el 4 de agosto de 1963. En 1976 es nombrado Maestro de Capilla de la Catedral de Santa María cargo en el que realizó intensas investigaciones sobre dicha institución cuya estructura ha permitido y promovido una extensa historia de la existencia de la música en la Catedral. En aquella década paso a formar parte del equipo de formadores del Seminario como director espiritual de seminaristas. Durante aquellos años promovió la formación musical de los seminaristas, recuperó el coro del seminario y logró que de aquellas ornadas salieran muchos aficionados a la música y algún que otro maestro también. En 1985 comenzó a dirigir el coro gregoriano “Manuel Iradier”. Ha sido presidente de la Federación Alavesa de coros . Inició su formación musical con Fidel Ibarguchi , organista de su pueblo. Siguiendo los pasos del gran Vicente Goicoechea  y de otros grandes músicos de Aramaio ingresó en el seminario de Vitoria-Gasteiz y allí estudió piano con Tomás Echávarri y armonía con Julio Valdés. En Salamanca asistió  a los cursos de la Escuela Superior de Música Sagrada y estudió con Tomás Manzárraga y Samuel Rubio

Fundó y dirigió el coro Landatxo y desarrolló una importante labor de investigación , “silenciosa pero constante” centrada fundamentalmente en el archivo y los maestros de la catedral Santa María.

Era socio de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y miembro de la Sección DE Música de la Sociedad de Estudios Vascos.

En 2003 recibió el Celedón de Oro dentro de una ceremonia en la que participaron doscientos moralistas y en la que confesó cuál era su actitud en la vida: “ No hay méritos, sólo ilusión con la que he trabajado siempre en la investigación, los coros o las vísperas . Eso es un honor, no un trabajo”

El pasado mes de septiembre, junto con José Antonio Goitia, recibían el homenaje de los parroquianos de San Miguel tras sus muchos años de servicio en esta parroquia y santuario de la patrona de Vitoria-Gasteiz.

Non solum sed etiam

De Rafa Mendialdua se ha dicho que ha sido un gran sacerdote y un gran musicólogo, pero lo que más destaca de su vida es el haber sido un hombre de Dios y de fe.
Quienes hemos tenido la suerte de coincidir con Rafa en algún momento de nuestra vida mantendremos para siempre el recuerdo de su mirada afable y su bondad. Yo siempre recordaré aquellas sobremesas de ensayos corales en el Seminario, cantando a voces el Bautista Basterretxe, el Boga a Boga o el Pange Lingua; o el Gaudeamus Igitur para el nombramiento de Doctor Honoris Causa de los ilustres Lekuona y Barandiaran; y recordaré su paso por los programas de Campanas Alavesas o El Espejo cada vez que solicitaba su voz autorizada para el tema de la música.
No puedo imaginarme a Rafa de otra manera que dirigiendo un coro de ángeles. .

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